Anhelo tu cuerpo

Siempre amanezco con los brazos cruzados, casi dormidos de tanto que abrazan la sombra de tu cuerpo, la ilusión de tu presencia mientras suspiro, porque te anhelo.

Hablar contigo, reír contigo, sentir tu respiración cuando duermes, cuando piensas o cuando te ausentas al oscuro mundo de tus fantasmas y recuerdos, porque te anhelo.

Nada hay como tus besos, como tus miradas y tus deseos, nada existe más inmenso que la voz dulce de tu corazón mientras acaricias mi pelo, porque te anhelo.

Y mientras tanto me sumerjo en el frondoso bosque de los recuerdos, con la luz entre las hojas que me anuncia tu espíritu entre los árboles, porque te anhelo.

Porque te quiero, te sueño, te hablo, te pienso, te escribo, te construyo y te recuerdo, porque te imagino, te veo, te siento, te amo, te necesito y te deseo… ¿por qué? porque te anhelo.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 06/02/2009)

Horizonte y distancia

No pasaron ni cinco minutos desde la última vez y volvió a mirar su correo electrónico para ver si llegaban noticias suyas, pero nada. El teléfono tampoco sonaba, estaba mudo y él, incrédulo y preocupado, lo miraba comprobando que no hubiera sonado.

No podía dejar de pensar en su voz asfixiada por las lágrimas, en su corazón partido en mil pedazos por culpa de los recuerdos. Si no hubiera hablado de él ella no se habría entristecido, no habría vuelto a recordar aquel tremendo terror que vivió. Le martirizaba la idea de poder haber evitado su dolor y no sabía qué hacer, sin embargo ese sufrimiento le unió a ella más allá de lo que jamás pudo imaginar. No dejaba de pensar en el enorme vacío que debía sentir, en los remordimientos que atenazaban su voluntad y su esperanza. Y él, a miles de kilómetros de ella sin poder tan siquiera mirarla, transmitirle aunque solo fuera el calor su mirada, la sinceridad de su amistad.

Ella tocaba el piano con dulzura y había grabado un hermoso fragmento musical que le pudo enviar por correo electrónico. Él no dejaba de escuchar la melodía, era como estar conversando con ella e imaginaba cómo sus dedos acariciaban las teclas de su piano en un delicado vuelo de mariposas musicales creadas para el ser más especial que había existido en su vida. ¡Seguro que esas mariposas llegaban hasta el cielo!

Quería decirle tantas cosas que necesitaba expresar lo que llevaba dentro y se decidió a escribir, era su manera de desahogarse y su forma de soñar que estaba hablando con ella, como si la tuviera enfrente, como si pudiera secar sus lágrimas con sus dedos.

Estaban separados en la distancia, miles de kilómetros se interponían entre ellos, pero estaban unidos en un solo pensamiento, era doloroso sí, pero compartido y él, de alguna forma, estaba seguro que ella presentía lo mismo.

Cuando fue a apagar su ordenador vio lo que sus ojos y su corazón ansiaban, ella le había escrito. Él supo entonces que cuando dos corazones están unidos se hablan y escuchan desde la lejanía y pueden navegar a través del tiempo y la distancia para encontrarse. Y mientras su música le susurraba a su corazón se abandonó a la deriva del prometedor mundo de los sueños.

c.c.

Hola, me presento, posiblemente esta emoción que siento al abrir este blog me turbe y desplome en estos momentos mis ideas y sentidos pero quiero desahogar mi alma a través de la palabra, de la música, de las imágenes, de mis ideas personales que no son dogma de fe pero son mías y que al compartirlas siento como si mi corazón se abriera un poquito más hacia este incomprensible mundo que me rodea.

Os dejo una frase de una canción de El Ultimo de la fila, precisamente del álbum que dio nombre a este blog. ¿Será una utopía?

No sé, solo quiero soñar.

Un día color de melocotón, cuando todos seamos libres, cuando las piedras se puedan comer y ya nadie sea más que nadie, canta por mí si no estoy yo aquí. Viene el día en que seremos puros como un cielo de verano sobre el mar. Cantaré por ti si no estás tú aquí.