Viaje a ninguna parte

Hoy he comenzado el viaje a mi destino, es el viaje a ninguna parte, el viaje al filo del acantilado que me invita a lanzarme al vacío para ser golpeado por las más nostálgicas rocas de la indiferencia. El viaje al centro de una flor, para dormir mi último sueño entre sus pétalos de quimeras e ilusiones pérdidas. El viaje a la orilla del mar, bañado por las olas anaranjadas de mi último atardecer, mientras el rastro de mi vida sobre la arena se borra con tanta facilidad como el viento empuja un simple grano.

Hoy es el viaje detrás de las huellas de mi alma gemela que nunca estará conmigo, el viaje a su figura, el viaje a la sensación de haber bebido en sus manos, de haber probado sus labios y su saliva quedando solo como una impronta cruel de lo que fue tan solo imaginado y nunca tenido.

Hoy he comenzado el viaje hacia las manos de los enamorados que se entrecruzan de pasión, de locura y de amor profundo y que nunca serán mis manos. Hoy he caminado lento, cabizbajo, con las lágrimas desbordadas viendo que mi camino se ha borrado, que ya no queda nada, que mi andar no hizo camino, no dejó huella, ni senda ni fantasmas, que las estrellas se apagaron, que la luna se escondió de pena, que las flores se marchitaron a mi paso, que los ogros solo caminan solos sin saber lo que son, ni lo que fueron, sin esperar ya nada al final salvo seguir agarrado de la mano de la soledad.

Hoy he caminado y he viajado a ninguna parte, donde la tierra y el cielo se confunden en un horizonte indescifrable, allí descansaré para siempre, en la nada, en el olvido, en la indiferencia del efímero epitafio de mi vida. Prosigo mi camino, continúo con mi viaje, ya queda poco. No me preguntes viajero a dónde viajo, tú ya lo sabes, viajo donde las sirenas mueren de sed por la soledad del amor y de la desdicha, viajo donde los cuerpos yacen inertes y no pueden utilizar ningún lenguaje, viajo más allá, mucho más allá, ¿no lo ves?, no te lo enseñaré, no debes acompañarme, este viaje es para mi solo, sin maletas, sin nada entre mis manos, solo mis recuerdos, y por eso inicio este viaje, mi último viaje, el viaje a ninguna parte.


(Publicado en “La Comunidad de El País bajo el nombre de Noah el 19/05/2009)

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Soledad

Desde el punto de vista de la soledad las aguas parecen siempre calmadas, los campos de trigo simplemente se mecen al paso de las caricias del silencioso viento, el azul del cielo nos declara todas sus tonalidades pintadas de celestes, añiles y cadmios.

Desde el punto de vista de la soledad las palabras siempre encierran y descubren todo su significado, las miradas nos hablan de sentimientos y de estados de ánimo cuando pausadamente leemos todas las letras escritas en sus pupilas, los pasos al caminar son tranquilos y sentidos.

Desde el punto de vista de la soledad podemos percibir mejor la realidad de las cosas, la verdadera dimensión de los problemas, la auténtica envergadura de las personas más cercanas por muy lejanas que estén.

A veces la soledad nos inunda tanto que de tanto respirarla nos damos cuenta que estamos solos y en un abrir y cerrar de ojos nos asalta el temor a lo definitivo, a lo que no tiene retorno, nos sentimos atenazados e intimidados ante lo que creemos es una situación inamovible.

A veces pensamos que la soledad nos engulle en la tristeza de no compartir, en un llanto mudo y sordo ante la inexistencia de quien pueda apreciarlo. Nos asustamos, creemos que no le importamos a nadie, tras la puerta de nuestra casa solo tenemos la compañía de las sombras, los guiños de las lámparas cuando se encienden, los únicos abrazos de nuestra almohada al intentar cerrar los ojos para caer en un nuevo sueño esperanzador.

En otros tiempos me aterraba la soledad, la imaginé como familia directa del desencuentro, como hija predilecta de la incomprensión, como doctora honoris causa de la intolerancia pero a veces, sin darte cuenta, comienzas a sentir que la soledad cuando nos visita nos acerca a nosotros mismos, nos ayuda a conocernos y a sentirnos y el yo que siempre hemos sido y que tanto hemos escondido a fuerza de vivir representado lo que no somos, sale nuevamente de nuestro interior para decirnos que sigue ahí. Descubrimos que una parte de nuestra tristeza es porque tendemos a ocultar nuestra esencia, nuestro ser, quizás con el absurdo objetivo de intentar aparentar lo que no somos en realidad.

Desde el punto de vista de la soledad se puede aprender mucho, se puede aprender a leer y disfrutar mejor de los libros saboreando todas sus palabras, se puede aprender a escribir para sacar de tu interior con el mejor lenguaje posible, los más profundos pensamientos de nuestro corazón, aprendemos a escuchar en los silencios los más hondos sentimientos encerrados en nuestro interior.

Desde el punto de vista de la soledad comienzas a comprender que no hay que luchar contra ella, ella no viene ni se va, somos nosotros quienes la invitamos sin darnos cuenta y quienes debemos despedirla cuando estemos preparados para decirla adiós.

Hace tiempo que decidí decirle adiós pero, desde el punto de vista de la soledad, nunca termina por dejarnos, muy probablemente para que jamás perdamos de vista la verdadera dimensión de nuestro corazón.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah 23/04/09)

Negra sombra

Es el murmullo de los ríos, son los sonidos de las hojas,

es la sombra que siempre me acoge, me protege,

es la sombra que siempre me asombra.


Es la estela brillante del sol que deja solo una huella de penumbra

y cantando, riendo y llorando tu sombra negra me abraza

en el día, en la noche, refugiándome en la marea alta,

en la sombra negra que siempre me acoge

en la negra sombra que siempre me asombra.


Musitando los versos del poeta, cantando las plegarias en la madrugada,

en medio de los versos y las notas siempre me acoge con cálida frialdad

con la luna como testigo, la sombra que siempre me asombra.


Allá donde mire te encuentro y me acompañas en mi camino,

nunca me dejarás y me inundarás en el negro sabor de tus brazos,

en las sombras que protegen el amor verdadero que siento

de las luces envidiosas que tanto lo acechan.


Y me sumerjo en tus tinieblas, con mi corazón rasgado de dolor

y enamorado en lo más profundo de sus sombras,

en esas sombras en las que tú habitas, amor mío,

negras sombras que siempre me asombran.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 01/04/2009)

Depresión

Estaba mirando fijamente la pantalla de mi ordenador, he debido perder la noción del tiempo, no sé cuánto tiempo llevo así pero acabo de abrir Word para hablar con alguien. Siento como si estuviera flotando en medio de la nada, llevo tiempo sin darme cuenta qué cosas me rodean, solo sé que respiro pero no siento más.

Esto está muy oscuro y tenebroso, ahora mientras escribo me doy cuenta que siento miedo…cierro los ojos, los vuelvo a abrir y se me escapa una lágrima. A medida que tomo conciencia de mí mismo mi respiración se agita y se me seca la boca… ¡necesito agua!, no, al final voy y tomo un poco de zumo de piña, su sabor dulce me hace conectar con las sensaciones agradables.

Tengo que tranquilizarme, veo mis manos temblar mientras escribo pero sé que puedo dominarlo, hasta ahora he podido pero… ¿hasta cuándo?

No sé por qué escribo pero siento que hablo, que me comunico con alguien sin temor a recibir golpes, siento que puedo pensar aunque mis pensamientos sean planos, quizás tan planos como yo soy ahora, pero al menos escribo, al menos muevo algún músculo.

Vuelvo a cerrar los ojos…

…han pasado unos minutos, no sé cuántos y veo los renglones escritos pero no quiero leerlos, no sé lo que he puesto aunque me lo imagino.

Ni siquiera sé si estoy triste pero sé que un enorme vacío domina mi alma. ¿Cómo puedo sentir vacío y miedo a la vez?

A veces creo que me he vuelto loco.

Está bien, ya acabo, dejaré estas intranscendencias para otro momento, ahora solo quiero cerrar los ojos y volver a quedarme suspendido en el vacío.

(Publicado en “La Comunidad” de El País, bajo el nombre de Noah el 02/02/2009)

Soledad

Es difícil de entender que en el mundo en el que vivimos rodeados de miles de personas nos sintamos solos. No hace mucho una persona me preguntó si no había encontrado personas en las que confiar y le contesté que sí, recientemente podría citar ejemplos pero en otros momentos ocurrió que o ya no estaban o no podía contar con ellas por razones de distancia, por cuestión de distanciamiento (que no es lo mismo) o porque ya no estaban en este mundo. No han sido muchas pero las encontré pero también le dije que es muy fácil, tristemente fácil sentirse solo o lo que es más grave, quedarse solo.

Yo me he sentido solo muchas veces, solo por no tener a quien acudir y también solo por no atreverme a refugiarme en aquellos que me tendieron una mano temiendo la decepción, no queriendo sufrir cómo se defraudan las expectativas y sobre todo miedo de ser una carga, una molestia, miedo y vergüenza de incomodar a aquellos que quiero, quizás se pueda llamar a esto miedo a vivir.

Mi padre está solo, nadie hay en su cerradísimo entorno que le aguante más de cinco minutos en una simple conversación, es engreído y en ocasiones prepotente. Hablando con él, bueno, debería decir “discutiendo con él” en una conversación en la que él solo hablaba de otros para criticarlos le dije: “papá, ¿no te das cuenta que estás solo?, desde que mamá murió nadie pisa esta casa salvo la mujer que tienes contratada para limpiarla y tus hijos, de los cuales uno, casado y con dos niños viene sin compañía a verte. ¿No crees que algo estarás haciendo mal? Mi padre con la seguridad que le caracteriza y con cierto gesto de gravedad me espetó: “A ver si te crees que hay mucha gente que pueda estar a la altura de tu padre”. En ese momento en mi interior grité: ¡¡¡figuraaaaa!!!!.

¿Habéis visto la sirenita cuando el cangrejo Sebastián ve a Ariel con piernas y no con su cuerpo de sirena? Se le cae la mandíbula al suelo de la sorpresa, pues reconozco que algo así me pasó a mí, ¡y yo que pensaba que mi padre ya no podría sorprenderme…!

Hay personas que están solas porque no saben convivir, porque echan de su lado a todo ser vivo y son incapaces de amoldarse a nadie pero hay otros que se quedan solos sin buscarlo, quizás porque son demasiado sensibles y comienzan a aislarse temiendo ser dañados, quizás porque no saben cómo abrir sus corazones ante otras personas, después de tanto tiempo cerrados, quizás porque el mundo se esté volviendo tan insolidario y volátil que haya poca gente capaz de ofrecer una mirada cómplice, una palabra de consuelo, un mail de recuerdo hacia ti.

Me da miedo sentirme solo, la soledad es el mal de nuestro tiempo, es un mal silencioso que cambia de dueño sin avisar y que cuando te conquista es muy difícil de expulsar.

En definitiva, hay distintas clases de soledades y de solitarios y en ningún caso la soledad es una compañera que deba estar con nosotros demasiado tiempo. Tenemos que AVISAR, tenemos que luchar, tiene que haber alguien en esta selva de vanidades y desesperanzas que pueda, sepa y sobre todo, quiera ser parte de nuestra vida. Yo no soy un ejemplo a seguir, suelo ofrecerme pero me da miedo, ¿vergüenza?, permitir que otros me tiendan una mano y, francamente, no es justo. Sí, tengo miedo a la soledad porque la he mirado muy de cerca a los ojos y no he descubierto ningún color de esperanza, en todo caso vértigo ante el vacío oscuro del abismo.

(Publicado en “La Comunidad de El País” bajo el nombre de “Noah” el 27/01/2009)