Ave surcando el cielo

Hubo un tiempo en que soñaba y soñé un sueño, alcanzaba a volar con las gaviotas y a nadar con los delfines, a surcar el océano del amor en mi balsa de ilusiones sin temor a huracanes y tormentas, sin dudas ni miedos al horizonte incierto.

Soñé y mientras soñaba mi piel se alborotaba ante cupido, mi corazón se agitaba entre lo divino y lo terrenal, latía con la fuerza de lo incomprensible, con la locura del amor interminable, con la tranquilidad y la pereza de un amanecer constante de experiencias.

Soñé y mientras soñaba creí que el cielo era siempre azul, las nubes blancas y esponjosas, la brisa refrescante y sentida.

Las sombras solo eran el reflejo de los objetos ante la incontenible fuerza del sol sirviendo de acogedor refugio para contemplar la vida.

Sí, soñé y soñé y de tanto hacerlo subí al pico de la montaña más alta, por encima del cielo, más allá de las nubes donde solo vuelan las quimeras como aves mitológicas que buscan protegerse de la realidad terrenal y oscura del gélido suelo.

Hoy me desperté y comprendí que había vuelto a soñar pero mi sueño se había vuelto turbio y oscuro ante la terrible realidad de saber que ya solo podía soñar en mis sueños, que solo podía hacerlo imbuido en el paraíso de Morfeo porque al despertar la cruda realidad se interponía entre el sueño y lo inevitable, entre lo que quisiera que fuera y lo que en realidad es.

Pero allí estás tú, mi amor, mi único sueño que aún conservo mientras la realidad despierta me asalta con dentelladas cada vez más crudas y sangrantes.

Allí estás mi amor, mi sueño, mi vida, mi único objetivo, mi última esperanza….mi alma gemela.

¿Sabes?, hoy he vuelto a soñar, esta es mi perdición pero volví a soñar y mi sueño llevaba tu nombre, tú eres la primavera que cura mi invierno, eres la semilla de versos que crean el sueño de mi poema.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 07/05/2009)

Negra sombra

Es el murmullo de los ríos, son los sonidos de las hojas,

es la sombra que siempre me acoge, me protege,

es la sombra que siempre me asombra.


Es la estela brillante del sol que deja solo una huella de penumbra

y cantando, riendo y llorando tu sombra negra me abraza

en el día, en la noche, refugiándome en la marea alta,

en la sombra negra que siempre me acoge

en la negra sombra que siempre me asombra.


Musitando los versos del poeta, cantando las plegarias en la madrugada,

en medio de los versos y las notas siempre me acoge con cálida frialdad

con la luna como testigo, la sombra que siempre me asombra.


Allá donde mire te encuentro y me acompañas en mi camino,

nunca me dejarás y me inundarás en el negro sabor de tus brazos,

en las sombras que protegen el amor verdadero que siento

de las luces envidiosas que tanto lo acechan.


Y me sumerjo en tus tinieblas, con mi corazón rasgado de dolor

y enamorado en lo más profundo de sus sombras,

en esas sombras en las que tú habitas, amor mío,

negras sombras que siempre me asombran.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 01/04/2009)

La cajita de tristeza

Abre despacio esta cajita de tristeza
y mira con atención en todo su interior
verás un bosque oscuro y entre la maleza
encontrarás envejecidos unos versos de amor.

Se marchitaron ya con el calor del verano
murieron entre las rosas deshojadas del camino
languidecen abandonados en un rellano,
sin fuerzas al no encontrar el que era su destino.

Nacieron con una esperanza, murieron con vileza,
por el desamor, el desaliento, por la desesperanza
cayeron como plomo derruido por la certeza
de poseer entre sus letras su dolorosa añoranza.

Y ahora que la abriste y viste sus contenidos
vuelve a cerrarla para conservar aquello que nos ha mostrado
deja que reposen sus poemas más sentidos
deja que las lágrimas humedezcan su rostro de enamorado.

(Publicado en “La Comunidad” bajo el nombre de Noah el 26/02/09)