Horizonte y distancia

No pasaron ni cinco minutos desde la última vez y volvió a mirar su correo electrónico para ver si llegaban noticias suyas, pero nada. El teléfono tampoco sonaba, estaba mudo y él, incrédulo y preocupado, lo miraba comprobando que no hubiera sonado.

No podía dejar de pensar en su voz asfixiada por las lágrimas, en su corazón partido en mil pedazos por culpa de los recuerdos. Si no hubiera hablado de él ella no se habría entristecido, no habría vuelto a recordar aquel tremendo terror que vivió. Le martirizaba la idea de poder haber evitado su dolor y no sabía qué hacer, sin embargo ese sufrimiento le unió a ella más allá de lo que jamás pudo imaginar. No dejaba de pensar en el enorme vacío que debía sentir, en los remordimientos que atenazaban su voluntad y su esperanza. Y él, a miles de kilómetros de ella sin poder tan siquiera mirarla, transmitirle aunque solo fuera el calor su mirada, la sinceridad de su amistad.

Ella tocaba el piano con dulzura y había grabado un hermoso fragmento musical que le pudo enviar por correo electrónico. Él no dejaba de escuchar la melodía, era como estar conversando con ella e imaginaba cómo sus dedos acariciaban las teclas de su piano en un delicado vuelo de mariposas musicales creadas para el ser más especial que había existido en su vida. ¡Seguro que esas mariposas llegaban hasta el cielo!

Quería decirle tantas cosas que necesitaba expresar lo que llevaba dentro y se decidió a escribir, era su manera de desahogarse y su forma de soñar que estaba hablando con ella, como si la tuviera enfrente, como si pudiera secar sus lágrimas con sus dedos.

Estaban separados en la distancia, miles de kilómetros se interponían entre ellos, pero estaban unidos en un solo pensamiento, era doloroso sí, pero compartido y él, de alguna forma, estaba seguro que ella presentía lo mismo.

Cuando fue a apagar su ordenador vio lo que sus ojos y su corazón ansiaban, ella le había escrito. Él supo entonces que cuando dos corazones están unidos se hablan y escuchan desde la lejanía y pueden navegar a través del tiempo y la distancia para encontrarse. Y mientras su música le susurraba a su corazón se abandonó a la deriva del prometedor mundo de los sueños.

c.c.

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