Siempre hemos oído que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sobre todo si lo relacionamos con la infancia, no obstante ¡cuántas infancias deshechas!, sí ¡cuántas infancias perdidas por el no saber hacer de un padre o de una madre!, por un mundo turbio a nuestro alrededor, por una época de libertades inexistentes, por hambre, por desarraigo, por… (Casi que me dejo de más motivos porque necesitaría un post solo para ellos)

Me pregunto que si piden estudios para ejercer como abogado, médico, ingeniero, etc. ¿por qué no piden un título para ejercer como padres?, tampoco digo que tenga que ser un título de doctor honoris causa aunque viendo cómo esos títulos han sido otorgados a personajes como “El Caudillo” o “Chemari”… ¡hostias, pero si son primos hermanos!, en fin, que parece que esos títulos últimamente los posee hasta el famoso tonto que hace las “oes” con un canuto.

Cuando pienso en los casos de los niños golpeados, niños de solo unos meses de edad, torturados por sus padres… ¡qué asco! Muchos se pegan con las instituciones para poder adoptar un niño porque desean expresar su amor a otro ser y otros malgastando, maltratando esa herencia a todas luces inmerecida.

Me dejo de monsergas, discursos, tralaralas y demás parrafadas y voy a lo que voy, ¡qué duro es ser padre!, ¡pedazo topicazo! (que conste que yo no lo soy) y cuántos hermosos recuerdos, a pesar de los pesares, nos deja como herencia nuestra niñez. Imagino que la de una mayoría será así pero no puedo olvidar a aquellos que no han tenido niñez, que no han podido saborearla ni un solo día de sus vidas, niños explotados, niños de la guerra, etc. tan solo por poner algún ejemplo.

Durante la niñez el tiempo no es tal, al menos no es como lo percibimos en la edad adulta, pasan los días y la rapidez del tiempo nos pasa desapercibida, en todo caso sentimos que no corre porque casi siempre queremos parecer mayores hasta que llega el tiempo que queremos parecer menores. ¡Qué ignorantes! pero ahí radica la gracia de la infancia, en la ignorancia.

Con algunos años menos

Para mi la infancia es como un caramelo, aun en los momentos amargos casi siempre deja un regusto dulce, amable, lleno de nostalgia, inundado de recuerdos borrosos pero que guardan sabor, olor y color, donde los tamaños de los objetos, de las casas, de las personas siempre eran mucho mayores que en la realidad, donde daba lo mismo estar en el mes de diciembre como en el mes de Abril, donde los veranos sabían a viaje, a excepción, a mar, a castillos de arena siempre nuevos y más grandes, donde la vida no conocía de responsabilidades ni de las amarguras de las decisiones.

Seguro que mi amigo Forrest Gump (amigo porque los dos estamos pelin locos) me permite ilustrar la niñez con su famosa caja de bombones y es que ¡cuántas sorpresas casi a diario! El mundo nos tenía reservados nuevos descubrimientos, nuevos sabores, nuevos bombones (¡símil utilizable tanto para dulces como para chicas!). La vida de un niño es como un camino llano salteado con docenas de sorpresas.

En fin, que la niñez es una etapa que cuando estamos en ella nunca somos conscientes de lo maravillosa que es hasta que la perdemos y cuando ya somos mayores, es entonces cuando solemos dejarnos llevar por los recuerdos de la infancia para sentirnos como aquel niño de no hace tanto que todos llevamos bien adentro en nuestro corazón. Es cuando nos dejamos llevar por los sueños y por la ilusión escondida.

(Publicado en “La Comunidad de El País bajo el nombre de Noah el 18/02/09)