Dices que ya no puedes soñar pero levanta tus ojos, deja que tu mirada se pierda en el cielo y encontrarás los sueños de millones de corazones que depositaron sus quimeras en la altura de la esperanza y de la ilusión, a buen recaudo, protegidos de los violentos despertares, de los estruendosos sonidos terrenales de la negra realidad.

Vuelan en la altura atravesando las nubes de esponjoso caramelo, descansado en ellas para seguir planeando entre el azul del cielo y el oscuro firmamento que lo envuelve. Fíjate bien porque ahí están y nunca se van, solo tienes que mirar con los ojos del corazón y escuchar con los oídos agudos del alma y volverás a soñar, a soñar como yo sueño y es que los locos no sabemos hacer otra cosa salvo tocar el cielo con las manos, escondernos en las esquinas de las nubes y navegar como velero aventado por el viento de la ilusión hacia la estrella de nuestro destino.

¿Soñar?, sí, soñar siempre, soñar contigo…



(Publicado en “La Comunidad” de El Páis bajo el nombre de Noah el 15/06/2009)

Depresión

Estaba mirando fijamente la pantalla de mi ordenador, he debido perder la noción del tiempo, no sé cuánto tiempo llevo así pero acabo de abrir Word para hablar con alguien. Siento como si estuviera flotando en medio de la nada, llevo tiempo sin darme cuenta qué cosas me rodean, solo sé que respiro pero no siento más.

Esto está muy oscuro y tenebroso, ahora mientras escribo me doy cuenta que siento miedo…cierro los ojos, los vuelvo a abrir y se me escapa una lágrima. A medida que tomo conciencia de mí mismo mi respiración se agita y se me seca la boca… ¡necesito agua!, no, al final voy y tomo un poco de zumo de piña, su sabor dulce me hace conectar con las sensaciones agradables.

Tengo que tranquilizarme, veo mis manos temblar mientras escribo pero sé que puedo dominarlo, hasta ahora he podido pero… ¿hasta cuándo?

No sé por qué escribo pero siento que hablo, que me comunico con alguien sin temor a recibir golpes, siento que puedo pensar aunque mis pensamientos sean planos, quizás tan planos como yo soy ahora, pero al menos escribo, al menos muevo algún músculo.

Vuelvo a cerrar los ojos…

…han pasado unos minutos, no sé cuántos y veo los renglones escritos pero no quiero leerlos, no sé lo que he puesto aunque me lo imagino.

Ni siquiera sé si estoy triste pero sé que un enorme vacío domina mi alma. ¿Cómo puedo sentir vacío y miedo a la vez?

A veces creo que me he vuelto loco.

Está bien, ya acabo, dejaré estas intranscendencias para otro momento, ahora solo quiero cerrar los ojos y volver a quedarme suspendido en el vacío.

(Publicado en “La Comunidad” de El País, bajo el nombre de Noah el 02/02/2009)