El lenguaje de las miradas

Cuando conseguías interceptar su mirada siempre percibías sus sueños que buscaban la plenitud de su espíritu y la tranquilidad de su alma. El reconocimiento continuo de su interior era su objetivo, quería encontrar su lugar perfecto en el mundo, necesitaba vivirlo e imbuirse en él plenamente y sus ojos siempre me lo decían aunque sus labios no lo expresaban.

¡Cuánto nos hablan las miradas!, si nos fijamos un poco podemos descubrir la profundidad de los corazones, la veracidad de las palabras, la inmensidad de nuevos mundos que nos ofrecen generosas experiencias. Los ojos pueden ser como las entradas ocultas que abren las puertas de corazones doloridos, cerrados y medio en ruinas y nos pueden descubrir docenas de vivencias, de ilusiones y heridas que definen la identidad real de cada uno de nosotros.

Los ojos hablan con las palabras de las miradas, con los gestos de sus pupilas, con el lenguaje oculto y cifrado del alma, solo hay que saber leer, saber mirar y dejarse llevar por el inmenso mar de ideas y palabras que saltan en el suave aleteo de las pestañas.Si nos enseñaran desde pequeños a leer en los ojos, si nos olvidáramos de ver y supiéramos mirar el detalle de las miradas descubriríamos el mundo real de quien tenemos al lado y comprenderíamos plenamente las necesidades de su alma.

Ahora recuerdo su mirada huidiza de los prejuicios, temerosa de la dura realidad de su entorno, cauterizada como su corazón a consecuencia de los fuegos infernales de este mundo injusto y superficial.

Fui percibiendo poco a poco cuáles eran sus sueños y hacia dónde necesitaba dirigir su espíritu a través de su mirada, pero me sentí impotente ante tal desafío aunque entendí que cada persona, por sí misma, debe encontrar su hueco y su espacio, el lugar en donde dar rienda suelta a su corazón, que no depende de terceros que consigan su destino; pero fue sin quererlo, y gracias a su mirada, que me enseñó el camino para seguir descubriendo mi propia alma.

Invoco al Chamán del desierto, aquel que no necesita ser dueño del mundo, que no tiene riquezas, aquel que no necesita nada pero que es millonario de espíritu y verdadero en su mirada, le invoco para que mire aquellos ojos que yo ví y me enseñaron la belleza del sol, del fuego, de la tierra y del agua, le invoco para que le ayude a encontrar la felicidad plena y duradera de su alma.

Más allá del miedo, más allá de las palabras, existen los ojos que nos muestran el camino hacia el corazón, hacia las estrellas y su magia.


(Publicado por Noah en La Comunidad de El País el 28/7/09)

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Viaje a ninguna parte

Hoy he comenzado el viaje a mi destino, es el viaje a ninguna parte, el viaje al filo del acantilado que me invita a lanzarme al vacío para ser golpeado por las más nostálgicas rocas de la indiferencia. El viaje al centro de una flor, para dormir mi último sueño entre sus pétalos de quimeras e ilusiones pérdidas. El viaje a la orilla del mar, bañado por las olas anaranjadas de mi último atardecer, mientras el rastro de mi vida sobre la arena se borra con tanta facilidad como el viento empuja un simple grano.

Hoy es el viaje detrás de las huellas de mi alma gemela que nunca estará conmigo, el viaje a su figura, el viaje a la sensación de haber bebido en sus manos, de haber probado sus labios y su saliva quedando solo como una impronta cruel de lo que fue tan solo imaginado y nunca tenido.

Hoy he comenzado el viaje hacia las manos de los enamorados que se entrecruzan de pasión, de locura y de amor profundo y que nunca serán mis manos. Hoy he caminado lento, cabizbajo, con las lágrimas desbordadas viendo que mi camino se ha borrado, que ya no queda nada, que mi andar no hizo camino, no dejó huella, ni senda ni fantasmas, que las estrellas se apagaron, que la luna se escondió de pena, que las flores se marchitaron a mi paso, que los ogros solo caminan solos sin saber lo que son, ni lo que fueron, sin esperar ya nada al final salvo seguir agarrado de la mano de la soledad.

Hoy he caminado y he viajado a ninguna parte, donde la tierra y el cielo se confunden en un horizonte indescifrable, allí descansaré para siempre, en la nada, en el olvido, en la indiferencia del efímero epitafio de mi vida. Prosigo mi camino, continúo con mi viaje, ya queda poco. No me preguntes viajero a dónde viajo, tú ya lo sabes, viajo donde las sirenas mueren de sed por la soledad del amor y de la desdicha, viajo donde los cuerpos yacen inertes y no pueden utilizar ningún lenguaje, viajo más allá, mucho más allá, ¿no lo ves?, no te lo enseñaré, no debes acompañarme, este viaje es para mi solo, sin maletas, sin nada entre mis manos, solo mis recuerdos, y por eso inicio este viaje, mi último viaje, el viaje a ninguna parte.


(Publicado en “La Comunidad de El País bajo el nombre de Noah el 19/05/2009)