La magia de las estrellas

¿Te ha ocurrido alguna vez? Es como cuando quieres reír y no puedes porque no encuentras motivo, es como cuando quieres beber y no tienes sed, como si quisieras dormir y siempre fuera de día, y sigues, caminas y no paras, pero miras atrás y no ves nada y lo peor es cuando miras hacia delante y el camino es oscuro, difuso e incierto.

Y su luz se apagó.

Y quisieras volver y ya no está el camino y al asomarte solo encuentras abismo y las nieves del tiempo forman el hielo frío y tenebroso del no ser. La marea desbordada arroja sus lágrimas como sirenas muertas y parece como si todo se inundara y te hundieras en las profundidades abismales e insondables de la miseria.
Y su luz se apagó.

Continúas porque sabes que pueden aparecer nuevas estrellas a tu alrededor. Siendo más joven las ansiabas, las buscabas con ilusión y mucho afán, ahora a veces solo esperas, miras, sientes, te quedas quieto y vuelves a mirar y a sentir y a soñar como queriendo que nunca se vaya esa estrella, como conformándote con que la poca luz que te ofrece sea eterna, te ilumine de un invierno a otro, te permita seguir soñando teniendo una razón real por la que soñar.

Siempre creemos que hay estrellas que nunca desaparecen, que no pueden apagarse. Siempre pensamos que son eternas, indestructibles, incansables ante el universo de nuestros desalientos, ante la losa pesada de nuestros errores, ante el río de lava de nuestras lágrimas. Esas estrellas nunca deberían morir pero también se cansan, también lloran, y se rinden cuando no miramos, volviendo a levantarse por y para nosotros. Se arrodillaban diez veces y se levantaban mil, podrían ser violentas sus caídas pero más enérgicas eran sus puestas en pie. Esas estrellas eran supernovas pero esas estrellas no duran para siempre si entendemos como “siempre” el tiempo que tarda en musitarse el breve pero intransferible poema de nuestra vida.

Piensas en sus ojos que siempre confiaban en ti, piensas en su corazón que siempre miraba por ti, aunque no lo pidieras o tan siquiera lo percibieras. Un momento de oscuridad y su luz siempre aparecía para mostrarte que podías seguir solo, aunque siempre consiguiera hacerte sentir que estabas acompañado.

Ni la distancia, ni los errores, ni los olvidos podían con su luz pero esta no duraba para siempre.

Y la luz se apagó.

El universo de las locuras se cierra sobre el corazón tambaleante y las estrellas, como por arte de magia, vuelven a brillar con su ternura más cierta, más bondadosa, más serena, como si fuera un milagro, algo que no puedes controlar y que no sabes ni cómo ni por qué, sucede. Aparecen nuevas pero no comparables, simplemente distintas y especiales y entonces pruebas a reír y encuentras motivos, pruebas a beber y aparece la sed, pruebas a dormir y la luna te mece en los sueños más profundos, pruebas a vivir y comienzas a navegar en un sueño azul por el mar de la vida.

Y ahora solo quieres gritar y como un poeta callejero que solo es poeta para sí mismo comienzas a cantar a las estrellas:

“Tu presencia embota mis sentidos, aturde mi cabeza imaginando lo perdido. Y sueño el hermoso sueño de quererte y mientas despierto digo entre suspiros que te quiero y deseo con toda mi alma el tenerte, aprisionarte entre mis brazos con la soledad apagada y saber que tu me quieres, proyectar en tu mirada el reflejo de un amor, un querer que no se pierde. Aunque solo sea lo que sueño, mantengo firme mi mirada, dejadme pensar en lo que siento, dejadme aunque solo sea la esperanza…”

Y una nueva estrella vuelve a brillar en el devenir de la vida no planeada, mientras otra estrella ya apagada queda grabada y hundida a fuego y esperanza en la profundidad antes oscura, ahora iluminada de nuestro corazón. Es la magia de las estrellas.

Y ahora ríes, bebes, sueñas, caminas, porque todo se resume en el viento, en la arena, en los sentimientos, en el mar, en la montaña, en los sueños, en las caricias, en el recuerdo que mira al futuro, en la tierra, en las gotas de lluvia, en el latido de un corazón, es volver del revés todo la que hay en tí, es caer para volver a empezar, es saltar al vacío sin ni siquiera mirar, son las cosas más pequeñas convertidas en molinos gigantes de ilusión, es el laberinto de las pasiones, es la fuerza de los suspiros que arrastran los pétalos de la esperanza, sí, ahí están, son ellas, es la magia de las estrellas…

Y la luz se encendió…

Desengaño

Su voz era fría, monocorde. No encontré rastro de ilusión tras sus palabras grises y apagadas, ni tan siquiera huellas de esperanza, ni tan solo atisbos de futuro. Sus frases eran sentencias de resignación y aunque a través del teléfono no puede ver sus ojos los presentí como hoyos hundidos en la desidia.

No había desesperación, no escuché sus lágrimas que deberían chocar contra las rocas del acantilado de sus pasiones rotas, no divisé una simple estrella en sus ojos, todo era en vano, su cuerpo no luchaba, su mente hacía tiempo que había enterrado sus ideales y su corazón completamente quemado había dejado de sentir y de incendiarse ante la propia vida.

Ella que tanto escuchó y tantas veces ayudó, ella, que por hacer feliz a otros renunciaba a sí misma desplegando sus alas de hada para repartir amor… dejó de existir.

Había dejado de creer, su corazón estaba lleno de cenizas apagadas en las que era imposible encontrar alguna brasa ardiendo. Había dejado de creer en el amor, en las personas, en la amistad. Ya no confiaba en nadie y únicamente se dejaba llevar por el viento de las casualidades que a diario se presentaban delante de su vida.

Comenzó a ver el mundo como en una película en blanco y negro en el cual las sombras y los negros dominaban y aplastaban el color de la ilusión, el sabor y el olor de la esperanza, destrozando las flores del amor mientras se secaban los ríos de la ilusión en otros tiempos desbocada.

Quise llegar a su corazón desesperadamente pero lo encontré muerto, frío e indiferente ante mis esfuerzos. Yo era otro más para ella que en algún momento la decepcionaría, la aplastaría por el orgullo y el egoísmo de todos los amores que había conocido. Yo era uno más que pisaría indiferente queriendo sacar el mayor provecho de su sangre inocente sin ofrecerle nada a cambio.

Había creado “una niebla a su alrededor y alrededor de su vida” a través de la cual ni el más osado aventurero del corazón podría entrar, había creado alrededor de su vida una muralla de tristeza y frustraciones que chocaban con la esencia de todo su ser. Nada ni nadie podría conocer el mayor secreto de su corazón, solo ella.

Mientras tanto se dejaba llevar por la marea de la tristeza, arrastrada por la fuerza de los desengaños….. Me quedé mirándola y decidí saltar al vacío del mar seco de sus lágrimas en el empeño de ofrecerle un nuevo cabo, una nueva ancla a la esperanza.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 30/06/2009)

Dices que ya no puedes soñar pero levanta tus ojos, deja que tu mirada se pierda en el cielo y encontrarás los sueños de millones de corazones que depositaron sus quimeras en la altura de la esperanza y de la ilusión, a buen recaudo, protegidos de los violentos despertares, de los estruendosos sonidos terrenales de la negra realidad.

Vuelan en la altura atravesando las nubes de esponjoso caramelo, descansado en ellas para seguir planeando entre el azul del cielo y el oscuro firmamento que lo envuelve. Fíjate bien porque ahí están y nunca se van, solo tienes que mirar con los ojos del corazón y escuchar con los oídos agudos del alma y volverás a soñar, a soñar como yo sueño y es que los locos no sabemos hacer otra cosa salvo tocar el cielo con las manos, escondernos en las esquinas de las nubes y navegar como velero aventado por el viento de la ilusión hacia la estrella de nuestro destino.

¿Soñar?, sí, soñar siempre, soñar contigo…



(Publicado en “La Comunidad” de El Páis bajo el nombre de Noah el 15/06/2009)

Luchar, luchar y luchar, mirar siempre hacia adelante, desterrar de nuestro pensamiento a aquellos que nos fallaron y decepcionaron.

Solo cabe fijar nuestros ojos en la delgada y fina línea del horizonte donde solo se junta el presente con el futuro, donde el pasado ya no es, donde habita y habitará siempre la esperanza.

(Publicado en “La Comunidad” de El Páis bajo el nombre de Noah el 09/02/2009)