Asomándose a la luz

No es hablar por hablar, no se trata de escribir por escribir, se trata de soltar las lágrimas del alma, las pesadas losas que aplastan el corazón, de intentar simplemente sacar la cabeza y respirar para no morir en las penumbras de los anhelos.

Se trata de lo normal dentro del deprimido mundo de los pensamientos que rodean el alma, porque lo normal para ese ser es lo anormal para lo mayoría y lo anormal resulta ser la normalidad para su prójimo.

Sale a la luz intentando de manera contradictoria manejarse en el anonimato con una triste y ficticia sonrisa en su avatar, con una lánguida letanía de sentimientos alterados.

Pero camina, a veces a trompicones, otras ni siquiera eso.
Pero lucha, en ocasiones contra sí mismo, la mayoría contra los fantasmas de su cerebro.

Y si no funciona… si no funciona queda el olvido.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 03/03/2009)

Depresión

Estaba mirando fijamente la pantalla de mi ordenador, he debido perder la noción del tiempo, no sé cuánto tiempo llevo así pero acabo de abrir Word para hablar con alguien. Siento como si estuviera flotando en medio de la nada, llevo tiempo sin darme cuenta qué cosas me rodean, solo sé que respiro pero no siento más.

Esto está muy oscuro y tenebroso, ahora mientras escribo me doy cuenta que siento miedo…cierro los ojos, los vuelvo a abrir y se me escapa una lágrima. A medida que tomo conciencia de mí mismo mi respiración se agita y se me seca la boca… ¡necesito agua!, no, al final voy y tomo un poco de zumo de piña, su sabor dulce me hace conectar con las sensaciones agradables.

Tengo que tranquilizarme, veo mis manos temblar mientras escribo pero sé que puedo dominarlo, hasta ahora he podido pero… ¿hasta cuándo?

No sé por qué escribo pero siento que hablo, que me comunico con alguien sin temor a recibir golpes, siento que puedo pensar aunque mis pensamientos sean planos, quizás tan planos como yo soy ahora, pero al menos escribo, al menos muevo algún músculo.

Vuelvo a cerrar los ojos…

…han pasado unos minutos, no sé cuántos y veo los renglones escritos pero no quiero leerlos, no sé lo que he puesto aunque me lo imagino.

Ni siquiera sé si estoy triste pero sé que un enorme vacío domina mi alma. ¿Cómo puedo sentir vacío y miedo a la vez?

A veces creo que me he vuelto loco.

Está bien, ya acabo, dejaré estas intranscendencias para otro momento, ahora solo quiero cerrar los ojos y volver a quedarme suspendido en el vacío.

(Publicado en “La Comunidad” de El País, bajo el nombre de Noah el 02/02/2009)

¿Y si el mañana no llegara? Hoy no veo mañana ni ayer tampoco lo vi. Si el mañana no llegara no tendría mayor efecto que el de un grano de arena que desapareciera entre las sandalias de cualquier caminante. Alguna exclamación, algún pensamiento triste pero la vida sigue, los trenes tienen que llegar a su destino y una vez abandonan una estación ya no vuelven a pensar en ella porque es una pérdida de tiempo, porque no se puede arreglar nada, porque la tristeza y la nostalgia no son buenas compañeras de viaje, porque cada uno lleva su propia carga…

¿Y si el mañana no llegara? No volvería a salir el sol, no volvería a nevar y cubrir de inaudito blanco polar los paisajes grises y rojizos de la ciudad. No volvería a saludar ninguna montaña, no volvería a escuchar la melodía de una triste canción, no volvería a sentir el sabor y olor de la vida que alguna vez debió existir y que desapareció sin dejar rastro. Si el mañana no llegara el espíritu descansaría para no ser un incómodo recuerdo en la memoria de las estrellas.