Necesito decirte que te quiero

Necesito decirte que te quiero, pero no, no es tan simple,

Es que te quiero ¿lo entiendes?, no sé pero creo que no llego,

Creo que no acierto a explicarte todo lo que siento,

Que cada letra que componen estas palabras no pueden contener todos los sentimientos.


Te quiero porque me haces sentir vivo

Te quiero porque me enseñas no solo a mirar, sino también a comprender

Te quiero porque siempre esperas de mí, porque no dejas que me duerma

Porque estimulas mis sentidos para estar siempre activo.


Te quiero porque te siento parte de mí, dentro de mí,

Te quiero porque mis lágrimas caen por tus mejillas

Porque tus sonrisas se dibujan en mis labios

Te quiero porque las estrellan se apartan a tu paso

Indicando el camino que debo seguir.


Te quiero porque eres fuerza y ternura,

Porque eres viento y marea, noche, madrugada y amanecer,

Te quiero porque iluminas la vida con tus ojos

Porque miras con la sencillez de tu profundo y complejo corazón,


Te quiero porque cuando no estás mi corazón se queda en los huesos

Mis venas se inundan de agua salada del mar muerto

Porque tu ausencia seca mi alma y me deja desnudo ante la oscuridad.


Te quiero ¿lo sabes?, ¿lo entiendes?, te amo con locura

Creo que no puedo explicarlo, siento que no me alcanzan las palabras

Y cuando más te quiero más siento el miedo de tu ausencia…


Te quiero mi vida y soy egoísta, lo sé, pero te quiero

Porque eres parte de mí y sin ti mi vista no tendría horizonte

Mi camino estaría inundado de lágrimas,

Porque sin ti, mi amor, sin ti dejaría de existir.


Sí mi amor te quiero pero siento que no encuentro las palabras,

Quien fuera poeta, quien fuera un dios poderoso para poder llegarte,

Tenerte, sentirte, olerte, palparte y simplemente amarte.

Hoy, una vez más necesito decirte que te quiero.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 18/07/209)

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Dices que ya no puedes soñar pero levanta tus ojos, deja que tu mirada se pierda en el cielo y encontrarás los sueños de millones de corazones que depositaron sus quimeras en la altura de la esperanza y de la ilusión, a buen recaudo, protegidos de los violentos despertares, de los estruendosos sonidos terrenales de la negra realidad.

Vuelan en la altura atravesando las nubes de esponjoso caramelo, descansado en ellas para seguir planeando entre el azul del cielo y el oscuro firmamento que lo envuelve. Fíjate bien porque ahí están y nunca se van, solo tienes que mirar con los ojos del corazón y escuchar con los oídos agudos del alma y volverás a soñar, a soñar como yo sueño y es que los locos no sabemos hacer otra cosa salvo tocar el cielo con las manos, escondernos en las esquinas de las nubes y navegar como velero aventado por el viento de la ilusión hacia la estrella de nuestro destino.

¿Soñar?, sí, soñar siempre, soñar contigo…



(Publicado en “La Comunidad” de El Páis bajo el nombre de Noah el 15/06/2009)

Ave surcando el cielo

Hubo un tiempo en que soñaba y soñé un sueño, alcanzaba a volar con las gaviotas y a nadar con los delfines, a surcar el océano del amor en mi balsa de ilusiones sin temor a huracanes y tormentas, sin dudas ni miedos al horizonte incierto.

Soñé y mientras soñaba mi piel se alborotaba ante cupido, mi corazón se agitaba entre lo divino y lo terrenal, latía con la fuerza de lo incomprensible, con la locura del amor interminable, con la tranquilidad y la pereza de un amanecer constante de experiencias.

Soñé y mientras soñaba creí que el cielo era siempre azul, las nubes blancas y esponjosas, la brisa refrescante y sentida.

Las sombras solo eran el reflejo de los objetos ante la incontenible fuerza del sol sirviendo de acogedor refugio para contemplar la vida.

Sí, soñé y soñé y de tanto hacerlo subí al pico de la montaña más alta, por encima del cielo, más allá de las nubes donde solo vuelan las quimeras como aves mitológicas que buscan protegerse de la realidad terrenal y oscura del gélido suelo.

Hoy me desperté y comprendí que había vuelto a soñar pero mi sueño se había vuelto turbio y oscuro ante la terrible realidad de saber que ya solo podía soñar en mis sueños, que solo podía hacerlo imbuido en el paraíso de Morfeo porque al despertar la cruda realidad se interponía entre el sueño y lo inevitable, entre lo que quisiera que fuera y lo que en realidad es.

Pero allí estás tú, mi amor, mi único sueño que aún conservo mientras la realidad despierta me asalta con dentelladas cada vez más crudas y sangrantes.

Allí estás mi amor, mi sueño, mi vida, mi único objetivo, mi última esperanza….mi alma gemela.

¿Sabes?, hoy he vuelto a soñar, esta es mi perdición pero volví a soñar y mi sueño llevaba tu nombre, tú eres la primavera que cura mi invierno, eres la semilla de versos que crean el sueño de mi poema.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 07/05/2009)

Negra sombra

Es el murmullo de los ríos, son los sonidos de las hojas,

es la sombra que siempre me acoge, me protege,

es la sombra que siempre me asombra.


Es la estela brillante del sol que deja solo una huella de penumbra

y cantando, riendo y llorando tu sombra negra me abraza

en el día, en la noche, refugiándome en la marea alta,

en la sombra negra que siempre me acoge

en la negra sombra que siempre me asombra.


Musitando los versos del poeta, cantando las plegarias en la madrugada,

en medio de los versos y las notas siempre me acoge con cálida frialdad

con la luna como testigo, la sombra que siempre me asombra.


Allá donde mire te encuentro y me acompañas en mi camino,

nunca me dejarás y me inundarás en el negro sabor de tus brazos,

en las sombras que protegen el amor verdadero que siento

de las luces envidiosas que tanto lo acechan.


Y me sumerjo en tus tinieblas, con mi corazón rasgado de dolor

y enamorado en lo más profundo de sus sombras,

en esas sombras en las que tú habitas, amor mío,

negras sombras que siempre me asombran.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 01/04/2009)

No todos sabrán caminar a nuestro lado,

Solo querrán caminar cogidos a tu mano

Yo no existiré en sus corazones cansados

Tan solo tú, mi único corazón amado.


Una ventana al mar

Caminando contigo siento que la vida tiene color, siento que las cosas más sencillas se convierten en tesoros de incalculable valor. Una mirada tuya ilumina el sendero más oscuro y sombrío y regala tantos sueños a mi corazón que todas las barreras se convierten en diminutas fortalezas de arena comparadas con la fuerza del brillo de tu sol.

Te refugias en la lluvia, en los acantilados golpeados por la brusquedad del mar, tu mente vuela con la velocidad de las olas que tanto has amado en busca del espíritu más hermoso que solo reside en el amor. Me gusta imaginarte paseando por esas playas de arena gruesa y húmeda, teñida por el sol tenue del norte, entre las rocas de los acantilados que lejos de ser lugares peligrosos para tu alma se convierten en cómplices de tus sentimientos profundos, amigos de tu poesía interior, compañeros de tu alma.

Caminando contigo en medio de esos parajes me siento feliz y completo puesto que mi alma no vuela sola como ocurriera tiempo atrás, porque la vida se convierte en un escenario real lleno de sonrisas, repleto de ilusiones, regados por tus palabras e iluminado por tus miradas.

Caminando contigo sé que la vida no pasa, la vida se vive, la vida se siente y emana a borbotones convirtiéndose en un deseo, en un anhelo, en la fuerza de dos corazones tendidos al sol cogidos de la mano, disfrutando de la brisa de los recuerdos de nuestros seres amados y del olor a futuro de nuestros sueños saboreados y cumplidos.

Caminando contigo el negro se vuelve blanco y la indiferencia se convierte en ternura, la música existe con especial significado y los acordes llevan tu voz más allá del espacio y del tiempo. Por eso mi amor, caminando contigo soy feliz, porque percibo tu sonrisa y tu alegría, porque aprendo de tu alma y corazón. Quiero caminar contigo mi amor, todos los días, quiero mirar al cielo y contar las estrellas que nos pestañean envidiosas de nuestro amor, quiero que la vida sea una sonrisa permanente en tu rostro enamorado para hacer de cada día, de cada momento, una historia especial.

Mientras nos acompañan aquellos que viven en nuestro corazón caminaré siempre contigo, caminaremos agarrados desde el corazón y todos los días reposaremos en nuestro deseado hogar, sentados, abrazados, sentidos y soñados, sabiendo que después de caminar siempre nos quedará un momento de reposo en el que nos abandonaremos al calor de nuestros cuerpos, al deseo de nuestros ojos, al frenesí de nuestras manos y nuestros labios y en algún momento levantaremos la vista y nuestros ojos se posarán frente a aquella ventana, aquella ventana invadida por el vaho de nuestro deseo que siempre será nuestra, que siempre mirará al mar.

Anhelo tu cuerpo

Siempre amanezco con los brazos cruzados, casi dormidos de tanto que abrazan la sombra de tu cuerpo, la ilusión de tu presencia mientras suspiro, porque te anhelo.

Hablar contigo, reír contigo, sentir tu respiración cuando duermes, cuando piensas o cuando te ausentas al oscuro mundo de tus fantasmas y recuerdos, porque te anhelo.

Nada hay como tus besos, como tus miradas y tus deseos, nada existe más inmenso que la voz dulce de tu corazón mientras acaricias mi pelo, porque te anhelo.

Y mientras tanto me sumerjo en el frondoso bosque de los recuerdos, con la luz entre las hojas que me anuncia tu espíritu entre los árboles, porque te anhelo.

Porque te quiero, te sueño, te hablo, te pienso, te escribo, te construyo y te recuerdo, porque te imagino, te veo, te siento, te amo, te necesito y te deseo… ¿por qué? porque te anhelo.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 06/02/2009)

Horizonte y distancia

No pasaron ni cinco minutos desde la última vez y volvió a mirar su correo electrónico para ver si llegaban noticias suyas, pero nada. El teléfono tampoco sonaba, estaba mudo y él, incrédulo y preocupado, lo miraba comprobando que no hubiera sonado.

No podía dejar de pensar en su voz asfixiada por las lágrimas, en su corazón partido en mil pedazos por culpa de los recuerdos. Si no hubiera hablado de él ella no se habría entristecido, no habría vuelto a recordar aquel tremendo terror que vivió. Le martirizaba la idea de poder haber evitado su dolor y no sabía qué hacer, sin embargo ese sufrimiento le unió a ella más allá de lo que jamás pudo imaginar. No dejaba de pensar en el enorme vacío que debía sentir, en los remordimientos que atenazaban su voluntad y su esperanza. Y él, a miles de kilómetros de ella sin poder tan siquiera mirarla, transmitirle aunque solo fuera el calor su mirada, la sinceridad de su amistad.

Ella tocaba el piano con dulzura y había grabado un hermoso fragmento musical que le pudo enviar por correo electrónico. Él no dejaba de escuchar la melodía, era como estar conversando con ella e imaginaba cómo sus dedos acariciaban las teclas de su piano en un delicado vuelo de mariposas musicales creadas para el ser más especial que había existido en su vida. ¡Seguro que esas mariposas llegaban hasta el cielo!

Quería decirle tantas cosas que necesitaba expresar lo que llevaba dentro y se decidió a escribir, era su manera de desahogarse y su forma de soñar que estaba hablando con ella, como si la tuviera enfrente, como si pudiera secar sus lágrimas con sus dedos.

Estaban separados en la distancia, miles de kilómetros se interponían entre ellos, pero estaban unidos en un solo pensamiento, era doloroso sí, pero compartido y él, de alguna forma, estaba seguro que ella presentía lo mismo.

Cuando fue a apagar su ordenador vio lo que sus ojos y su corazón ansiaban, ella le había escrito. Él supo entonces que cuando dos corazones están unidos se hablan y escuchan desde la lejanía y pueden navegar a través del tiempo y la distancia para encontrarse. Y mientras su música le susurraba a su corazón se abandonó a la deriva del prometedor mundo de los sueños.

c.c.