Todo el siglo XX de modernidad pasó sin que un negro pudiera llegar a lo más alto en el país más influyente de nuestros tiempos y ahora, en el año 2009, Barack Obama, con segundo nombre árabe “Hussein”, ha asumido la presidencia de los Estados Unidos en un hecho que tan solo 20 ó 30 años atrás resultaría inimaginable.

Barack Obama

¿Se acabó el racismo con este hecho indudablemente histórico?, todos sabemos que no, además no nos engañemos, el origen del racismo es complicado ya que no solo viene por razones étnicas sino también por cuestiones económicas e incluso religiosas y cuando de los dioses más peligrosos hablamos(deidades divinas y económicas) ¡peligro!, difícil solución tiene el problema.

En el mundo sigue habiendo racismo, el mundo de los derechos civiles continúa siendo pisoteado por razón de raza, en el mundo se sigue discriminando por el color de la piel. Obama no es sino un granito más a la contribución a la igualdad, un granito quizás más notable e influyente que puede ayudar a una igualdad más real en un futuro, pero ¿cuánto nos queda? me temo que mucho.

Una antigua compañera de trabajo de lo que se suele decir en este país “de buena familia” me decía que tenía que buscar a una persona para que se quedara con su niño mientras ella trabajaba como Directora en una empresa. Me dijo: “a ver si encuentro alguna rumana o algo de “eso”…”, ¿Eso?, ni que estuviéramos hablando de un jarrón.

La frasecita me dejó helado. Inocente como parece dejaba traslucir ese tinte de superioridad y de desprecio a algunos pueblos que por razones económicas los consideramos inferiores. Y es que ya no hablamos de racismo en el sentido más propio de la expresión, no es simplemente una cuestión étnica, estamos llegando a la xenofobia donde el color no importa, solo importa que eres extranjero.

¡Cuánto nos queda para superar el racismo latente en la sociedad!.


Veamos qué puede hacer Obama por dar un empujón en favor de la igualdad de las razas, tenemos que entender que ya no es cuestión de piel, que el dinero, por desgracia, manda mucho y mueve demasiados intereses y que siempre habrá desigualdad, trato discriminatorio, en definitiva, siempre habrá racismo mientras no consigamos que se igualen los países desde el punto de vista económico y social.

Xenofobia y discriminación

Nos queda ¡tela marinera! pero bueno, ¡quién nos iba a decir hace tan solo diez años que un negro llegaría a ser presidente de los Estados Unidos!, y eso que para algún “perdonavidas” expresidente del gobierno español, Obama es simplemente un exotismo que traerá graves consecuencias… ¡qué fuerte!, si eso no es racismo no sé entonces cómo llamarlo.

En cualquier caso mal andamos cuando en nuestro país por cuestiones políticas y de sesgo puramente religioso extremo se intenta boicotear una asignatura como “Educación para la ciudadanía”. Es decir, enseñar a nuestros hijos que existe la diferencia, la peculiaridad, esto es, que existen OTROS distintos a la mayoría parece resultar peligroso y en nuestro país esta idea no la ven mal más de diez millones de votantes. Se confirma que aún en el siglo XXI nos queda mucho por avanzar.


(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 19/06/2009)

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Dices que ya no puedes soñar pero levanta tus ojos, deja que tu mirada se pierda en el cielo y encontrarás los sueños de millones de corazones que depositaron sus quimeras en la altura de la esperanza y de la ilusión, a buen recaudo, protegidos de los violentos despertares, de los estruendosos sonidos terrenales de la negra realidad.

Vuelan en la altura atravesando las nubes de esponjoso caramelo, descansado en ellas para seguir planeando entre el azul del cielo y el oscuro firmamento que lo envuelve. Fíjate bien porque ahí están y nunca se van, solo tienes que mirar con los ojos del corazón y escuchar con los oídos agudos del alma y volverás a soñar, a soñar como yo sueño y es que los locos no sabemos hacer otra cosa salvo tocar el cielo con las manos, escondernos en las esquinas de las nubes y navegar como velero aventado por el viento de la ilusión hacia la estrella de nuestro destino.

¿Soñar?, sí, soñar siempre, soñar contigo…



(Publicado en “La Comunidad” de El Páis bajo el nombre de Noah el 15/06/2009)

El lenguaje de los cuerpos

Entré en su habitación y allí estaba, sentada, con la mirada perdida. Mi presencia casi le pasó inadvertida hasta que torpemente golpeé una silla y miró, no sin cierto sobresalto, hacia donde yo estaba. Me sentí como un elefante en un jardín por haberla molestado de esa manera pero al mirarme, con sus pequeños ojos negros, me dijo que no temiera nada, que se alegraba de verme, me lo dijo sin palabras pero yo, sin saber cómo, sentí por primera vez que podía escuchar los silencios de las miradas.

Me acerqué a ella procurando estar más atento en mirar dónde pisaba, perdí toda mi naturalidad al caminar pero tan solo cinco pasos más y podría estar sentado delante de ella y así comenzar a hablarla, quería saber cómo estaba, qué sentía, qué pensaba.

Estaba reclinada en un sillón espacioso de color blanco hueso. Al mirarla ella proyectó sus pupilas sobre mí y vi unos hermosos ojos negros tristes y sin brillo anunciando que se ahogaban en el océano de sus contenidas lágrimas. Según me miraba su expresión se tornaba más dulce, más amable y me volví a dar cuenta que mi presencia le ayudaba. Me lo dijeron sus ojos, me lo advirtió su mirada. Estábamos en frente, uno del otro, sin pronunciar ninguna palabra.

Al seguir mirando comprendí su tristeza, entendí de su añoranza, me di cuenta que algo le faltaba y sus ojos me lo contaban. Me volvió a mirar y sin palabras me dijo qué me necesitaba y yo, orgulloso y feliz de poder ayudarla, me encontré escuchando a sus ojos, conversando con su mirada.

Bajó sus pupilas hacia al suelo y al incorporarlas nuevamente se perdió a través de la ventana. Intenté hablarle con mis ojos pero no capté su mirada y entonces mi mano, casi sin poder dominarla, se acercó a la suya y la estrechó con toda el alma. Me agarró con tanta fuerza que la sangre no brotaba pero sus manos, me dijeron que me necesitaba. Y fueron sus manos las que me dijeron que no podía más, que no encontraba salida, que se sentía sola y desarmada. Me lo dijeron sus manos sin pronunciar tan siquiera una palabra.

En poco tiempo sus ojos liberaron una lágrima y mientras recorría el breve espacio de su cara escribía en sus mejillas que el amor de su vida ya no estaba. Me lo dijo con sus ojos, me lo escribió a través de sus lágrimas y yo, completamente mudo comprendí sin escuchar ninguna palabra.

Nos cogimos de nuestras manos y se incorporó para estar de pie, los dos solos, sin que el espacio y el tiempo importaran. Nada fue pensado, nada fue preparado y nuestros brazos se entregaron en un abrazo de esperanza. Ella lloró amargamente entre mis brazos y con sus abrazos, sus lágrimas y su mirada me dijo que a pesar de todo yo era como su hada.

Se dio la vuelta y volvió a mirar a su ventana pero su espalda estaba erguida, sus manos ya no temblaban, su respiración era tranquila y sin mirarme me dijo que seguiría viva, que soñaría despierta, que lucharía dormida, que viviría nuevamente con la fuerza que yo le daba, me dijo todo eso, con su cuerpo, apretando los puños, sin pronunciar ninguna palabra.

Comencé a caminar hacia la puerta intentando no sobresaltarla pero ella volvió su cabeza y con sus manos me dijo que parara. Me detuve bruscamente, tan torpe como unos minutos antes y su mano volvió a decirme desde lejos que no me marchara. Se dibujó una sonrisa en su mirada y mientras caminaba me dijo que ella también estaría a mi lado si yo lo necesitaba, sin despegar sus labios, sin pronunciar ninguna palabra, tan solo me lo dijo con el lenguaje de su mirada.

Ella sonreía, feliz, tranquila y sosegada, su mirada mantenía tintes de tristeza pero su expresión reflejaba la determinación de alguien que ya luchaba diciéndome con sus ojos que yo debería seguir luchando por esa estrella a la que tanto amaba.

Me besó en la mejilla y nuevamente entendí sin ayuda de las palabras que tenía el coraje de su amistad grabado en el fondo de mi alma.

Desde aquel día comprendí que no siempre hacen falta las palabras, que las miradas hablan, que las mejillas nos enseñan, que las manos nos transmiten y que los abrazos nos confiesan todo el interior de nuestra alma. Comencé a aprender el lenguaje de los cuerpos y que más allá de las palabras está nuestro corazón, nuestros labios, nuestros ojos, nuestros dedos, nuestros hombros, nuestra cara, el profundo tesoro que sale desde nuestras entrañas, quiero seguir aprendiendo a leer, a escuchar, a comprender más allá de las palabras.

Fue una tarde como cualquier otra tarde de mi vida en la que aprendí, sin necesidad de escuchar nada, que existe el lenguaje de los cuerpos que en ocasiones comunica más profundamente que nuestras palabras.

(Publicado en “La Comunidad” de El Páis bajo el nombre de Noah el 22/05/2009)

Viaje a ninguna parte

Hoy he comenzado el viaje a mi destino, es el viaje a ninguna parte, el viaje al filo del acantilado que me invita a lanzarme al vacío para ser golpeado por las más nostálgicas rocas de la indiferencia. El viaje al centro de una flor, para dormir mi último sueño entre sus pétalos de quimeras e ilusiones pérdidas. El viaje a la orilla del mar, bañado por las olas anaranjadas de mi último atardecer, mientras el rastro de mi vida sobre la arena se borra con tanta facilidad como el viento empuja un simple grano.

Hoy es el viaje detrás de las huellas de mi alma gemela que nunca estará conmigo, el viaje a su figura, el viaje a la sensación de haber bebido en sus manos, de haber probado sus labios y su saliva quedando solo como una impronta cruel de lo que fue tan solo imaginado y nunca tenido.

Hoy he comenzado el viaje hacia las manos de los enamorados que se entrecruzan de pasión, de locura y de amor profundo y que nunca serán mis manos. Hoy he caminado lento, cabizbajo, con las lágrimas desbordadas viendo que mi camino se ha borrado, que ya no queda nada, que mi andar no hizo camino, no dejó huella, ni senda ni fantasmas, que las estrellas se apagaron, que la luna se escondió de pena, que las flores se marchitaron a mi paso, que los ogros solo caminan solos sin saber lo que son, ni lo que fueron, sin esperar ya nada al final salvo seguir agarrado de la mano de la soledad.

Hoy he caminado y he viajado a ninguna parte, donde la tierra y el cielo se confunden en un horizonte indescifrable, allí descansaré para siempre, en la nada, en el olvido, en la indiferencia del efímero epitafio de mi vida. Prosigo mi camino, continúo con mi viaje, ya queda poco. No me preguntes viajero a dónde viajo, tú ya lo sabes, viajo donde las sirenas mueren de sed por la soledad del amor y de la desdicha, viajo donde los cuerpos yacen inertes y no pueden utilizar ningún lenguaje, viajo más allá, mucho más allá, ¿no lo ves?, no te lo enseñaré, no debes acompañarme, este viaje es para mi solo, sin maletas, sin nada entre mis manos, solo mis recuerdos, y por eso inicio este viaje, mi último viaje, el viaje a ninguna parte.


(Publicado en “La Comunidad de El País bajo el nombre de Noah el 19/05/2009)

Ave surcando el cielo

Hubo un tiempo en que soñaba y soñé un sueño, alcanzaba a volar con las gaviotas y a nadar con los delfines, a surcar el océano del amor en mi balsa de ilusiones sin temor a huracanes y tormentas, sin dudas ni miedos al horizonte incierto.

Soñé y mientras soñaba mi piel se alborotaba ante cupido, mi corazón se agitaba entre lo divino y lo terrenal, latía con la fuerza de lo incomprensible, con la locura del amor interminable, con la tranquilidad y la pereza de un amanecer constante de experiencias.

Soñé y mientras soñaba creí que el cielo era siempre azul, las nubes blancas y esponjosas, la brisa refrescante y sentida.

Las sombras solo eran el reflejo de los objetos ante la incontenible fuerza del sol sirviendo de acogedor refugio para contemplar la vida.

Sí, soñé y soñé y de tanto hacerlo subí al pico de la montaña más alta, por encima del cielo, más allá de las nubes donde solo vuelan las quimeras como aves mitológicas que buscan protegerse de la realidad terrenal y oscura del gélido suelo.

Hoy me desperté y comprendí que había vuelto a soñar pero mi sueño se había vuelto turbio y oscuro ante la terrible realidad de saber que ya solo podía soñar en mis sueños, que solo podía hacerlo imbuido en el paraíso de Morfeo porque al despertar la cruda realidad se interponía entre el sueño y lo inevitable, entre lo que quisiera que fuera y lo que en realidad es.

Pero allí estás tú, mi amor, mi único sueño que aún conservo mientras la realidad despierta me asalta con dentelladas cada vez más crudas y sangrantes.

Allí estás mi amor, mi sueño, mi vida, mi único objetivo, mi última esperanza….mi alma gemela.

¿Sabes?, hoy he vuelto a soñar, esta es mi perdición pero volví a soñar y mi sueño llevaba tu nombre, tú eres la primavera que cura mi invierno, eres la semilla de versos que crean el sueño de mi poema.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah el 07/05/2009)

Si la tauromaquia es arte, el canibalismo es gastronomía. Si torturar la vida de un animal es una fiesta, Guantánamo era un hotel de afortunados turistas en el caribe.

Dejándonos de ironías y de frases más o menos graciosas me gustaría contestar desde el cariño (en ocasiones cuesta ser cariñoso) pero con rotundidad a aquellos que defienden y/o justifican las corridas de toros. Es evidente que lo que ocurre en las plazas de toros no es un hecho intranscendente, cuando “torea” un torero al que algunos llaman “maestro” porque en su virtud está torturar con ¿elegancia? a un ser vivo, que siente y padece como cualquier ser humano por mucha condición animal que queramos ver se produce una terrible tortura.

EL ARTE NO ES DESTRUCCIÓN

Llamar a esto ‘arte’ es equiparar la tortura con las Meninas de Velázquez o la novena sinfonía de Beethoven, sólo por poner algún ejemplo. Me pregunto ¿qué es el arte?, hay multitud de definiciones y de puntos de vista al respecto, algunos tan absurdos como los que consideran lidiar un toro como arte. Probablemente todos coincidamos que el arte, esencialmente, construye, crea, provoca sensaciones y emociones positivas, nos hace especialmente sentirnos vivos ante la belleza, la genialidad y la originalidad. ¿Qué hay de creación, de belleza, de genialidad, de originalidad en la TORTURA de un ser vivo? ¿Podemos ver arte en la tortura, en el sufrimiento que lleva a la muerte? Es escandaloso e indigno del ser humano que algo así se considere arte.

Y ¿qué decimos de ese magnífico y demoledor argumento que expone que las corridas de toros son o forman parte de nuestra tradición española? ¿Desde cuándo las apologías a la violencia, a la destrucción de la vida y a la tortura son dignas de perpetuación histórica? Durante siglos la esclavitud fue una práctica continuada que se consideraba como lógica y tradicional pero ¿hay alguien que se atreva a decir que debe mantenerse porque es parte de la historia más ancestral del ser humano? Pongamos otro ejemplo, llevamos muchas décadas oyendo como en otras culturas, por tradición, se produce lo que conocemos como “ablación” femenina. ¿Por qué luchar contra esa práctica que se encuentra sustentada por siglos de cultura y tradición? y no digamos si alguien intenta justificar que las mujeres no deberían votar puesto que tradicionalmente no lo hacían, debido a la cultura históricamente machista que ha dominado nuestro mundo conocido durante siglos. Afortunadamente el ser humano ha “evolucionado”, ha luchado y todavía lucha contra esas barbaries que difaman la naturaleza humana. ¿Deberíamos cambiar de punto de vista solo porque hablamos de un animal? Las tradiciones deberían ser un soporte de lo que nos define como seres humanos, deberían ser un soporte del mundo justo que queremos construir, deberían ofrecer una expectativa de lo que esperamos para nuestro mundo en el futuro. ¿Vamos a cimentar nuestro futuro en la tortura de animales para recreo? ¿En qué hemos avanzado como sociedad con respecto al tiempo, por ejemplo, del imperio romano? También era una tradición de muchos años arrojar una cabra desde un campanario y sin embargo se prohibió por razones tan obvias que no merece la pena seguir explicando. ¿Qué diferencia hay con la brutalidad de una corrida de toros?

No hay "arte" en la TORTURA

Algunos afirman que el toro no sufre. No cabe duda que hay gente ‘pa tó’ y gente que ’sabe de tó! aunque no tenga ni p… idea de nada. Pues bien, ¿sabías que la piel del toro es tan sensible que cuando una mosca se posa en su lomo lo percibe e intenta espantarla? Pero analicemos algunos aspectos de la lidia, por ejemplo, la pica o puya con la que pincha el picador al toro está concebida con una punta de acero de unos 14 CMS. de largo que debería penetrar un máximo de 3 pero en la práctica los picadores la hunden hasta casi los 10 CMS. para perforar el pulmón, provocar hemorragias y limitar la capacidad de lucha del toro, y luego dicen que es una lucha en igualdad de condiciones entre el hombre y el animal ¡qué hipocresía!. Y si no qué decir de las banderillas, afilados arpones de 7 CMS. que son clavadas en un número no inferior a cuatro, dentro de las heridas del puyazo. Imagínate, tienes una herida y en lugar de vendarla te la retuercen un poco más o te pinchan en ella por cuestión de ¿arte?, ¿nobleza taurina?. Pues bien, estos arpones actúan como palanca a cada movimiento del toro, horadando y desgarrando los músculos del cuello. ¿Sabías que cuando el valiente torero se arrima al toro no es por ese pretendido “amor al arte” o por “torero valiente”, sino con el objetivo de rozarse con las banderillas para que se acentúe el efecto palanca y así aumentar la hemorragia del toro? Hablemos ahora del conocidísimo arte de “entrar a matar”. El torero debe intentar clavarle la espada entre las vértebras del cuello para llegar al corazón y fulminarle pero esto no ocurre casi nunca por eso hay que recurrir a la “tristemente famosa puntilla” que consiste en un puñal corto destinado a seccionar la médula espinal lo cual está concebido para acabar, ¡qué grandeza! con el sufrimiento animal. Pues tampoco ocurre, la mayoría de las veces que vemos cómo el toro es arrastrado por los caballos fuera del coso sigue viviendo y sufriendo. ¿Sabías que varios veterinarios han denunciado que además de las lesiones múltiples recibidas durante la lidia el toro padece de secretas manipulaciones previas destinadas a envalentonar a los mansos (aguarrás en las pezuñas, alfileres en los genitales, pequeñas descargas eléctricas, etc.) o debilitar a los excesivamente bravos (purgas con sulfato de sosa, sulfato paralizante en los ojos, algodón en la garganta, etc.) ¿Esto es arte? Además de una vergüenza nacional es una estafa.

Es tristemente gracioso que aún hoy, en el siglo XXI afirmemos que las corridas de toros son un “hecho diferenciador” con respecto a otras culturas. ¡Estupendo!, el trato a la mujer en la ‘cultura’ árabe ¿también es un hecho diferenciador? ¿Lo aceptamos?. Si estas cosas nos definen como personas y definen nuestra cultura yo me borro, yo protesto, yo no quiero que me identifiquen con la barbarie de la tortura y muerte injustificada de un ser vivo. Por favor, en España ya hay más cosas, más importantes, más y mejor identificativas de nuestra cultura que las aborrecibles tradiciones sangrientas con animales. ¡Ya está bien de bromear con la España profunda! Cuando nos interesa (me refiero a la sociedad en general), bien que la damos de palos, nos burlamos de ella como si nosotros fuéramos de otra generación superior, pero cuando nos tocan el estómago o el dinero bien que la defendemos o simplemente miramos a otro lado.

Según afirman algunos el ‘maltrato a los animales no es razón suficiente para su prohibición’. No, si ahora resulta que como la prostitución es el oficio más antiguo del mundo y algunas lo hacen porque quieren ganar mucho dinero, debemos justificar la explotación sexual de mujeres que por desesperación, incultura, etc. terminan en redes de prostitución. Podríamos decir que no es razón suficiente para prohibirla porque al menos las personas que lo hacen pueden comer.

Atención al argumento: ‘si las prohibimos (las corridas de toros) luego vendrán diciendo que si maltratamos a los cerdos en el matadero, a los pollos en los criaderos o a las terneras en los lugares creados para tal fin……. y qué será de nuestros chuletones, de las ricas costillitas, del jamón, etc.’.

La última afirmación es muy interesante, expresa: ’son animales que se crían para matarlos’…. ¡exacto!, para matarlos ¿por qué? porque sirven de alimento al ser humano, pero, repitamos la idea, es muy sencilla: ‘para matarlos’, ¿dónde entra aquí la idea de la tortura? Matar para comer no implica torturar, matar no implica que se reúnan veinte mil personas para recrearse y regodearse en el dolor y sufrimiento de un ser vivo que sabe que está siendo torturado sin saber por qué. El hombre, desde sus orígenes, siempre ha cazado para sobrevivir, para alimentarse y como criatura más inteligente (muchas veces cuesta creerlo) se ha impuesto al resto de criaturas llegando a la cima de lo que se conoce como pirámide alimenticia, no obstante el origen de comer a otros animales no nació con la idea de la tortura. Ningún animal, cuando mata, previamente tortura, su único objetivo es alimentarse. El hombre lo hacía así al principio de los tiempos y ahora, aún en lo que llamamos era moderna, seguimos haciendo de la tortura a un animal un espectáculo, una fiesta, un acontecimiento nacional.

Me voy a poner en plan Dr. House: yo también estoy en contra de prohibir nada, que cada cual haga de su capa un sayo. Si no afecta a mis derechos y libertades cada quien es muy libre de hacer lo que le plazca, por eso, si nos gusta despellejar vivo a un animal para que sea más fácil de tratar su piel y utilizarla para vestir, pues hagámoslo, y si no me gusta pues no miro. ¡En fin!, ¡qué fuerte!, ¡qué pena! ¡Qué escándalo!, ¿qué tendrá que ver el hecho de prohibir con el respeto a la vida?, sí, el respeto a la vida incluso de los animales que puedan servirnos de alimento. Vuelvo a puntualizar por si no queda claro, no estamos hablando de no matar animales para alimentarnos, estamos hablando de NO TORTURAR animales, de no hacer del sufrimiento, del dolor y de la tortura un espectáculo. Me parecen muy cínicas las posturas que argumentan que es contradictorio y falso defender la dignidad de la vida de los animales cuando nos los comemos. La broma de” hola señora vaca, que yo la aprecio mucho pero si no le importa voy a matarla porque el solomillo está para comérselo…”. El comentario queda gracioso pero me pregunto ¿justificamos la tortura por el mero hecho de que luego nos lo comemos?. Mezclar los temas para defender o minimizar las corridas de toros me parece poco inteligente y distorsionan el fondo de la cuestión.

Este tema, me temo, está por encima del dinero, por encima de esos poderes fácticos que intentan mantener esta “vergüenza” nacional como parte de nuestra historia presente, me temo que depende del grado de concienciación e implicación que las personas mostremos y respecto a esto, tengo buenas noticias, casi un 70% de los españoles desaprueban las corridas de toros y más de un 80% no ha pisado nunca una plaza de toros para ver una lidia. ¿Todavía alguno se atreve a afirmar que forma parte de nuestra tradición o de nuestra más profunda idiosincrasia?

NO a la tortura animal

Desde mi punto de vista, mi postura ante este tema no pretende ser bandera de nada y menos de nadie, ni pretende ser un adalid o dechado de virtudes en la defensa de este argumento, pero qué menos que llamemos a las cosas por su nombre, qué menos que califiquemos las cosas horribles del mundo como tales. Es cierto que a veces poco o nada podemos hacer a nivel individual, es también cierto que hay tantos problemas en el mundo más importantes y más graves que este, pero no justifica que trivialicemos el tema o miremos a otro lado con la indiferencia, por cierto, más contraria a la tradición más pura e histórica del hombre: la revolución.

Nuestra historia se caracteriza por la rebelión constante contra usos y costumbres que atentaban contra la justicia, la vida, el buen gusto, la equidad, etc. No concibo un mundo que no luche contra el hambre, contra las guerras, contra la injusticia social solo por el mero hecho que son cosas que hemos tenido siempre. Nadie las considera por lo tanto una tradición, más bien es un lastre del que no conseguimos librarnos pero no por ello lo aceptamos ni dejamos de gritar, aunque sea interiormente, en contra de cosas así.

Pero no solo nuestra actitud ante los grandes problemas definen a los seres humanos, también las pequeñas cosas, el cómo tratamos nuestro entorno, cómo utilizamos el planeta en el que vivimos definen a las personas y a las sociedades. Quisiera hacer mía la frase de Gandhi sobre el tratamiento que hacen los seres humanos con respecto a los animales: “Un país, una civilización se pueden juzgar por la forma en que tratan a sus animales.” No creo que nadie pueda negar que este hombre fuera un luchador activo por los derechos y libertades de los seres humanos, pues bien, no dejaba en el olvido el trato a los animales. Si un país, una sociedad, justifica las corridas de toros me temo que se define por sí sola. A veces pasivamente y otras activamente milito contra la barbarie y la tortura contra cualquier forma de vida.

La verdad al desnudo

NO A LAS CORRIDAS DE TOROS.

Soledad

Desde el punto de vista de la soledad las aguas parecen siempre calmadas, los campos de trigo simplemente se mecen al paso de las caricias del silencioso viento, el azul del cielo nos declara todas sus tonalidades pintadas de celestes, añiles y cadmios.

Desde el punto de vista de la soledad las palabras siempre encierran y descubren todo su significado, las miradas nos hablan de sentimientos y de estados de ánimo cuando pausadamente leemos todas las letras escritas en sus pupilas, los pasos al caminar son tranquilos y sentidos.

Desde el punto de vista de la soledad podemos percibir mejor la realidad de las cosas, la verdadera dimensión de los problemas, la auténtica envergadura de las personas más cercanas por muy lejanas que estén.

A veces la soledad nos inunda tanto que de tanto respirarla nos damos cuenta que estamos solos y en un abrir y cerrar de ojos nos asalta el temor a lo definitivo, a lo que no tiene retorno, nos sentimos atenazados e intimidados ante lo que creemos es una situación inamovible.

A veces pensamos que la soledad nos engulle en la tristeza de no compartir, en un llanto mudo y sordo ante la inexistencia de quien pueda apreciarlo. Nos asustamos, creemos que no le importamos a nadie, tras la puerta de nuestra casa solo tenemos la compañía de las sombras, los guiños de las lámparas cuando se encienden, los únicos abrazos de nuestra almohada al intentar cerrar los ojos para caer en un nuevo sueño esperanzador.

En otros tiempos me aterraba la soledad, la imaginé como familia directa del desencuentro, como hija predilecta de la incomprensión, como doctora honoris causa de la intolerancia pero a veces, sin darte cuenta, comienzas a sentir que la soledad cuando nos visita nos acerca a nosotros mismos, nos ayuda a conocernos y a sentirnos y el yo que siempre hemos sido y que tanto hemos escondido a fuerza de vivir representado lo que no somos, sale nuevamente de nuestro interior para decirnos que sigue ahí. Descubrimos que una parte de nuestra tristeza es porque tendemos a ocultar nuestra esencia, nuestro ser, quizás con el absurdo objetivo de intentar aparentar lo que no somos en realidad.

Desde el punto de vista de la soledad se puede aprender mucho, se puede aprender a leer y disfrutar mejor de los libros saboreando todas sus palabras, se puede aprender a escribir para sacar de tu interior con el mejor lenguaje posible, los más profundos pensamientos de nuestro corazón, aprendemos a escuchar en los silencios los más hondos sentimientos encerrados en nuestro interior.

Desde el punto de vista de la soledad comienzas a comprender que no hay que luchar contra ella, ella no viene ni se va, somos nosotros quienes la invitamos sin darnos cuenta y quienes debemos despedirla cuando estemos preparados para decirla adiós.

Hace tiempo que decidí decirle adiós pero, desde el punto de vista de la soledad, nunca termina por dejarnos, muy probablemente para que jamás perdamos de vista la verdadera dimensión de nuestro corazón.

(Publicado en “La Comunidad” de El País bajo el nombre de Noah 23/04/09)